Gire de
nuevo, arrodillándome sobre su cuerpo. Quitándole la fina capa de tela que le
cubría, rasgándola. Lleve uno de sus pechos a mi boca y lo succione,
lamiéndolo. La escuche dar gemidos que me hicieron excitar aun más y la penetre, con fuerza,
haciendo movimientos bruscos.
Sabía que
no iba a lastimarla.
Tras seis horas…
De intenso sexo, caímos los dos, no exhaustos porque no
podíamos estarlo, sino, derrotados por el repiqueteo de una campana. La
campanilla que indicaba el ingreso de alguna persona al desierto hotel.
Leah me
dejo tendido en la cama.
- shhh… ya
regreso – me susurro colocándose ágilmente sus vestimentas.
Salió de
la habitación grácilmente y escuche como atendía a los nuevos huéspedes, por no
decirles victimas. Una chica y un chico. La voz de el se me había familiar.
Salí de mi
habitación y entre a la siguiente, la habitación de Georg. El estaba mirando
por la ventana, ni siquiera me miro cuanto entre.
- esa voz
– le dije – ese chico, su aroma –
- es un
caza vampiros – me respondió. Seguía mirando la ventana.
- ¿crees
capaz que nos reconozca? –
- no lo
se, ¡ni siquiera se cuanto tiempo llevamos condenados bajo esta tortura! – me
grito con tono de enfado.
-
contrólate – le dije.
Inhale el
aroma. Delicioso, flores y primavera. Su aroma me recordó un campo de azucenas,
la flor de la pureza.
- es Devon – dijo Tom entrando a la
habitación, seguido por Bill.
Devon.
Caza vampiros, y uno de nuestros mejores amigos.
- será
difícil derrotarlo –
- nada de
eso Tom – le dije – es pan comido – esboce una gran sonrisa.
- Gustas,
mi amigo, tranquilízate – me dijo Bill apoyando su mano en mi hombro. Abrió sus
ojos y fijo su mirada en el horizonte, como si estuviese viendo algo que
nosotros no. Tenía una visión.
De pronto,
su mirada se relajo, volvió en si.
- ¿que
viste? – le pregunto Tom.
- Devon
morirá –
- ¿Leah? –
pregunte. El negó.
- Georg lo
asesinara – dijo el pelinegro mirando al vampiro junto a la ventana. Estaba
anocheciendo.
- ¿yo? No
podre hacerlo -
- si no lo
haces el te asesinara a ti – le dijo Bill. Georg bajo su mirada.
- supongo
entonces que es un adiós mis queridos amigos – nos miro – no pienso pasar los
próximos cien años deambulando y asesinando gente inocente – se despidió con un
movimiento de cabeza y camino hasta la puerta.
Yo corrí
hasta el, deteniéndolo en el ultimo momento. Lo pegue contra la puerta.
- no
permitiré que te suicides –
- ¿Qué te
importa? – me dijo.
- ¿no ves
que si te descubre luego vendrá por nosotros? –
- no había
pensando en eso – dijo frunciendo el ceño.
- debemos
matarlo entonces – dijo Tom.
- Leah no
puede enterarse – dije – querrá participar también y si lo hace esto será una
masacre –
- ¿que
haremos? – me pregunto Georg.
-
conocemos a Devon, sabemos como ataca así que sabemos que hacer para vencerlo.
- ¿Qué hay
de la chica? – pregunto Tom. Bill tuvo otra visión, pero no dijo nada. Cada vez
se hacia mas bueno en eso de las visiones, ya ni siquiera tenia que tocar a
alguien, solo pensar en esa persona.
- yo me
encargare de ella – dije.
Tres semanas después…
Devon y la
chica seguían en el hotel. Leah no había hecho intentos para asesinarlos y
nuestro plan estaba siguiendo su curso.
Ese día
irían a unas viejas ruinas, de donde recibieron un llamado alegando existencia
de vampiros.
- es
urgente, ¡por favor! ¡Hay seres demoniacos por todas partes! ¡Auxilio! –
- no se preocupe, ya nos dirigimos allá –
- dense
prisa –
Tom tomo
el teléfono de sus manos y lo colgó.
- ahora… -
se acerco a la chica para besarla.
- ¡Tom! –
le grito Bill. El rodo los ojos y se separo de la chica, mirándola directamente
a los ojos, hipnotizándola.
- no
recordaras nada de esto, sigue tu camino a casa – le dije dándole un beso. La
chica pestañeo y se fue lejos por la calle.
- ¿seres
demoniacos? – le pregunto Bill.
- da mas
drama – le respondió mientras caminábamos hacia el castillo abandonado donde
Devon se dirigía.
- ¿ibas a
acostarte con ella? – le pregunte.
- sabes
que debo sellar la hipnosis con un beso, además, necesito algo de diversión,
Leah no es suficiente –
- ¿Leah?
Ella es mía – le grite seguido de un gruñido. Escuche tres gruñidos más.
- Leah me
pertenece – escuche decir a Bill, viendo como mostraba sus colmillos.
- los
matare, dejen a mi pareja – dijo Georg aun gruñendo.
- vampiros
– escuchamos a nuestras espaldas. Di vuelta y vi a Devon sosteniendo una daga
en sus manos. Él al verme relajo su cuerpo y su rostro.
- ¿Gustav?
– pregunto, mirándome sorprendido. Asentí.
- soy yo
Devon, ¿has venido a matarnos? –
- así es –
respondió sujetando la daga con aun mas fuerza - ¿son todos vampiros? – dijo
mirándonos a todos frente a él.
- así es –
le respondió Bill. De pronto su expresión cambio, se tenso.
- ¿Qué
tiene? – pregunto asustado Devon.
- tiene
una visión – le dijo Tom.
- ¿visión?
–
- tenemos
poderes – le respondí.
- ¿todos
tienen los mismos? –
- no, cada
quien posee uno diferente – le dijo Georg.
Bill
pestañeo y volvió en si, contrayendo la cara en un gesto que no supe
identificar, ¿era miedo? Parecía una mezcla de miedo pero a la vez seguridad.
- ¿Dónde
esta la chica? – le pregunto a Devon.
- ¿Qué?
¿De que hablas? –
- la chica
que estaba contigo, ¿Dónde esta? –
- ¿crees
que te diré? –
- esta en
peligro – le dijo Bill perdiendo la paciencia, y él de eso no tiene mucho –
morirá si no la salvamos –
Devon
palideció.
- pero,
¿Quién…? – empecé a decir.
- Leah –
me respondió el sin mirarme, con una mueca de odio en su rostro.
- hay que
ir por ella – dije.
- ustedes
no irán –
- Devon,
podemos matarte ahora mismo y dejar que ella muera también, pero no, seguimos
siendo tus amigos –
- es
cierto lo que Gustav dice, queremos ayudarte – le dijo Tom.
Todos
miramos a Georg.
-
rescatemos a la damisela – dijo formando una gran sonrisa que dejo entrever los
colmillos.
- antes
que nada – dijo Devon – deben saber algo.
- ¿que
sucede? – pregunte.
- yo no soy Devon…
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