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lunes, 4 de noviembre de 2013

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Gire de nuevo, arrodillándome sobre su cuerpo. Quitándole la fina capa de tela que le cubría, rasgándola. Lleve uno de sus pechos a mi boca y lo succione, lamiéndolo. La escuche dar gemidos que me hicieron  excitar aun más y la penetre, con fuerza, haciendo movimientos bruscos.
Sabía que no iba a lastimarla.




Tras seis horas…


De intenso sexo, caímos los dos, no exhaustos porque no podíamos estarlo, sino, derrotados por el repiqueteo de una campana. La campanilla que indicaba el ingreso de alguna persona al desierto hotel.
Leah me dejo tendido en la cama.
- shhh… ya regreso – me susurro colocándose ágilmente sus vestimentas.
Salió de la habitación grácilmente y escuche como atendía a los nuevos huéspedes, por no decirles victimas. Una chica y un chico. La voz de el se me había familiar.
Salí de mi habitación y entre a la siguiente, la habitación de Georg. El estaba mirando por la ventana, ni siquiera me miro cuanto entre.
- esa voz – le dije – ese chico, su aroma –
- es un caza vampiros – me respondió. Seguía mirando la ventana.
- ¿crees capaz que nos reconozca? –
- no lo se, ¡ni siquiera se cuanto tiempo llevamos condenados bajo esta tortura! – me grito con tono de enfado.
- contrólate – le dije.
Inhale el aroma. Delicioso, flores y primavera. Su aroma me recordó un campo de azucenas, la flor de la pureza.
 - es Devon – dijo Tom entrando a la habitación, seguido por Bill.
Devon. Caza vampiros, y uno de nuestros mejores amigos.
- será difícil derrotarlo –
- nada de eso Tom – le dije – es pan comido – esboce una gran sonrisa.
- Gustas, mi amigo, tranquilízate – me dijo Bill apoyando su mano en mi hombro. Abrió sus ojos y fijo su mirada en el horizonte, como si estuviese viendo algo que nosotros no. Tenía una visión.
De pronto, su mirada se relajo, volvió en si.
- ¿que viste? – le pregunto Tom.
- Devon morirá –
- ¿Leah? – pregunte. El negó.
- Georg lo asesinara – dijo el pelinegro mirando al vampiro junto a la ventana. Estaba anocheciendo.
- ¿yo? No podre hacerlo -
- si no lo haces el te asesinara a ti – le dijo Bill. Georg bajo su mirada.
- supongo entonces que es un adiós mis queridos amigos – nos miro – no pienso pasar los próximos cien años deambulando y asesinando gente inocente – se despidió con un movimiento de cabeza y camino hasta la puerta.
Yo corrí hasta el, deteniéndolo en el ultimo momento. Lo pegue contra la puerta.
- no permitiré que te suicides –
- ¿Qué te importa? – me dijo.
- ¿no ves que si te descubre luego vendrá por nosotros? –
- no había pensando en eso – dijo frunciendo el ceño.
- debemos matarlo entonces – dijo Tom.
- Leah no puede enterarse – dije – querrá participar también y si lo hace esto será una masacre –
- ¿que haremos? – me pregunto Georg.
- conocemos a Devon, sabemos como ataca así que sabemos que hacer para vencerlo.
- ¿Qué hay de la chica? – pregunto Tom. Bill tuvo otra visión, pero no dijo nada. Cada vez se hacia mas bueno en eso de las visiones, ya ni siquiera tenia que tocar a alguien, solo pensar en esa persona.
- yo me encargare de ella – dije.

Tres semanas después…

Devon y la chica seguían en el hotel. Leah no había hecho intentos para asesinarlos y nuestro plan estaba siguiendo su curso.
Ese día irían a unas viejas ruinas, de donde recibieron un llamado alegando existencia de vampiros.
- es urgente, ¡por favor! ¡Hay seres demoniacos por todas partes! ¡Auxilio! –
- no se preocupe, ya nos dirigimos allá –
- dense prisa –
Tom tomo el teléfono de sus manos y lo colgó.
- ahora… - se acerco a la chica para besarla.
- ¡Tom! – le grito Bill. El rodo los ojos y se separo de la chica, mirándola directamente a los ojos, hipnotizándola.
- no recordaras nada de esto, sigue tu camino a casa – le dije dándole un beso. La chica pestañeo y se fue lejos por la calle.
- ¿seres demoniacos? – le pregunto Bill.
- da mas drama – le respondió mientras caminábamos hacia el castillo abandonado donde Devon se dirigía.
- ¿ibas a acostarte con ella? – le pregunte.
- sabes que debo sellar la hipnosis con un beso, además, necesito algo de diversión, Leah no es suficiente –
- ¿Leah? Ella es mía – le grite seguido de un gruñido. Escuche tres gruñidos más.
- Leah me pertenece – escuche decir a Bill, viendo como mostraba sus colmillos.
- los matare, dejen a mi pareja – dijo Georg aun gruñendo.
- vampiros – escuchamos a nuestras espaldas. Di vuelta y vi a Devon sosteniendo una daga en sus manos. Él al verme relajo su cuerpo y su rostro.
- ¿Gustav? – pregunto, mirándome sorprendido. Asentí.
- soy yo Devon, ¿has venido a matarnos? –
- así es – respondió sujetando la daga con aun mas fuerza - ¿son todos vampiros? – dijo mirándonos a todos frente a él.
- así es – le respondió Bill. De pronto su expresión cambio, se tenso.
- ¿Qué tiene? – pregunto asustado Devon.
- tiene una visión – le dijo Tom.
- ¿visión? –
- tenemos poderes – le respondí.
- ¿todos tienen los mismos? –
- no, cada quien posee uno diferente – le dijo Georg.
Bill pestañeo y volvió en si, contrayendo la cara en un gesto que no supe identificar, ¿era miedo? Parecía una mezcla de miedo pero a la vez seguridad.
- ¿Dónde esta la chica? – le pregunto a Devon.
- ¿Qué? ¿De que hablas? –
- la chica que estaba contigo, ¿Dónde esta? –
- ¿crees que te diré? –
- esta en peligro – le dijo Bill perdiendo la paciencia, y él de eso no tiene mucho – morirá si no la salvamos –
Devon palideció.
- pero, ¿Quién…? – empecé a decir.
- Leah – me respondió el sin mirarme, con una mueca de odio en su rostro.
- hay que ir por ella – dije.
- ustedes no irán –
- Devon, podemos matarte ahora mismo y dejar que ella muera también, pero no, seguimos siendo tus amigos –
- es cierto lo que Gustav dice, queremos ayudarte – le dijo Tom.
Todos miramos a Georg.
- rescatemos a la damisela – dijo formando una gran sonrisa que dejo entrever los colmillos.
- antes que nada – dijo Devon – deben saber algo.
- ¿que sucede? – pregunte.
- yo no soy Devon…

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