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domingo, 3 de noviembre de 2013

- Instintos -





- ve por ti mismo – me señalo el espejo. Voltee y vi mi imagen reflejada. Mi piel estaba blanquecina, pálida y se veía dura e impenetrable. Mi cabello rubio, brillante y sedoso. Pero lo que mas me impresiono fueron mis ojos, ya no eran cafés, ahora eran rojos, rojos y profundos. Infundían miedo a cualquiera.
- soy un vampiro – dije mirando mi reflejo. 





- así es, y con un poco de entrenamiento, serás uno poderoso –
- no quiero recibir ordenes de ti – dije irritado. Camine hasta la puerta y me detuve por el ardor en mi garganta que se había intensificado.
Voltee, mirándola y ella sostenía entre sus dedos, finos y suaves, una pequeña botella de cristal, que contenía un liquido espeso, rojo y con un aroma exquisito que me resultaba irresistible. No me pude controlar y corrí hasta ella, quitándole la botella de las manos. Le di un gran sorbo y sentí como la sensación de ardor desaparecía cuando tragaba ese líquido.
- ¿Qué es esto? – le pregunte mirando el frasco vacio en mis manos, deseando probar mas.
- sangre – me respondió ella, sonriendo de una manera malévola pero seductora – no puedes evitarlo, ahora es tu frenesí el que habla por ti –
- ¿Por qué lo haces? Eres un demonio, una bruja que me condeno a esto –
- por venganza – me respondió – tú y tus amiguitos mataron a mi pareja, hace muchos años en Florencia-
- si lo matamos fue por verdadera justicia, mi deber es asesinar demonios como tu –
- te corrijo querido, tu deber era asesinar demonios, ahora tu deber será asesinar para vivir –
- jamás le quitare la vida a una pobre criatura –
- no hará falta que tu lo quieras, tus instintos te gobernaran –
- eres una bruja –
Hizo un gesto de desagrado y me tomo del cuello, pegándome contra el espejo, que se partió en cientos de pedazos.
- jamás me compares con las malditas brujas, esas asquerosas hechiceras. Soy seguidora de Vlad, un vampiro igual que tú y tus amigos –
- no, ¿también los has convertido a esta vida eterna de miseria? ¿Por qué no me asesinas? Toma tu venganza llevándote mi vida –
- lo justo es que sufras la eternidad, veras a todo el que amas morir, además, no vivirás mas de cien años, te lo aseguro –
- ¿de que hablas? –
- eres tan dulce y atractivo – dijo tocando mi rostro – no me gustaría que murieras, pero es inevitable –
- ¿morir? Soy inmortal, no voy a morir –
Ella soltó una carcajada. – esas viejas historias y mitos… los vampiros, a diferencia de lo que todos creen, no somos inmortales, los primeros cien años debemos ir en busca de nuestra otra parte, un elegido humano que nos llevara a la inmortalidad al condenarlo a ser lo que nosotros somos –
- ¿dices que debo asesinar a alguien para vivir eternamente? ¡Jamás! Moriré entonces –
- lo harás, pero primero, sufrirás cien años de soledad, al igual que tus otros tres amigos –
- ¿Dónde están ellos? –
- en sus habitaciones, sufriendo de la incertidumbre de esta nueva vida, al igual que tu – sonrió. Mire como se asomaba por la ventana y los rayos de sol iluminaban su rostro y sus ojos parecían mas azules.
- los vampiros no se muestran a la luz del sol ¿o si?- me miro y rio.
- como puedes ver, es otro cuento – dijo extendiendo sus brazos para que los rayos del sol la tocaran. – bueno, tengo que ver a tus amigos, creo que ese castaño esta listo para mi visita, espero que no sea tan agresivo como tu, aunque claro, es tu don – se encogió de hombros.
- ¿don? ¿De que hablas? –
- te lo explicare luego – me lanzo un beso y salió de la habitación.
Pude escuchar como entraba a la habitación contigua, donde se encontraba Georg. Escuche como se lamentaba y luego la enfrentaba.
Cerré mis ojos y deje de escuchar. No quería oír como mi amigo sufría al enterarse de su condena, lo tomaría mal, lo sabia. Georg siempre fue un chico de familia, no tiene hermanos y vive solo con su madre, ya que su padre murió hace muchos años atrás, desde muy pequeño tuvo que hacerse cargo. Siempre soñaba con tener un  hijo algún día, ahora, eso no era posible.


Años después…


De esta nueva vida, si así se le puede llamar, como seres demoniacos, Leah nos ha introducido en el mundo de las sombras, como me gusta llamarlo. Nos ha explicado todo lo que tenemos que saber sobre ella.
Ya hemos terminado, no bien aceptándola, sino aprendiendo a sobrellevarla, solo por los primeros cien años. Nos repetimos eso todos los días.
Cada día me retracto más de esa decisión. Leah me ha enseñado tantas cosas, sobre la sed de sangre, sobre las brujas, temidas y odiadas por los vampiros, y por sobre todo de Vlad, mejor conocido como Drácula o señor de las tinieblas.
Nuestros dones, si así se les puede llamar, se nos han otorgado y cada día somos mejores aprendiendo a controlarlos. Cada uno por nuestra personalidad o forma de pensar.
Leah, ella posee el don de la seducción, debí saberlo antes. Así logro tentarnos y hacernos caer en la condena de una vida de dolor.
Bill, el tiene el don del futuro, tiene visiones sobre lo que sucederá, claro, son subjetivas, el futuro cambia de acuerdo a las decisiones que tomemos. Se le fue otorgado, a mi parecer, por su visión futurista, el siempre soñaba con el futuro, perdido en un mundo de sueños.
Tom, su gemelo, fue dotado con el don de control, puede controlas mentes. Siempre supe que su obsesión por que todos hiciesen exactamente lo que dice era por algo.
Georg, bueno, el todavía no descubre su poder. Quizás no lo desarrolle jamás. Tom dice que es un bueno para nada y por eso no obtuvo uno.
En cuanto a mi, mi don es la lucha, soy excelente en las batallas. Lo descubrimos cuando unos nómadas nos retaron, los destroce en un pestañeo. De los cuatro, siempre fui el mejor cazando vampiros, creo que se debe a mi descendencia militar. Todos los hombres en mi familia han ocupado grandes puestos en el ejército, mi padre por poco me asesina cuando se entero que prefería ir tras seres míticos.
- Gustav – me llamo Leah, sentada en la cama de mi habitación. Me voltee a mirarla.
Ella tenia un vestido de seda rojo, color sangre, que dejaba ver sus pechos, blancos y suaves, y sus pezones, pequeños y duros. Me abalance sobre ella acostándola en la cama, con un ágil movimiento dio vuelta de manera que quedo sobre mi. Se deshizo de mis ropas y con sus labios beso todo mi cuerpo.
Si el sexo es maravilloso, como vampiro es mil veces mejor. Todos tus sentidos están atentos y tus movimientos siempre son rítmicos. Puedes hacerlo por toda una noche, no te fatigas.
Gire de nuevo, arrodillándome sobre su cuerpo. Quitándole la fina capa de tela que le cubría, rasgándola. Lleve uno de sus pechos a mi boca y lo succione, lamiéndolo. La escuche dar gemidos que me hicieron  excitar aun más y la penetre, con fuerza, haciendo movimientos bruscos.
Sabía que no iba a lastimarla.


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