Primer Libro:
Labios venenosos
Ten en
cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos.
Transilvania – Rumania.
Ahí nos dirigíamos
para unas grandes “vacaciones”. Era el año 1893 y junto a mis tres mejores
amigos, sellaríamos nuestro destino.
Sin saber lo que
nos esperaba nos dirigíamos al Hotel Capitol, uno de los mejores hoteles en
toda Rumania. Ahí pasaríamos los próximos cinco meses.
Con la ayuda de nuestros padres y su increíble
fortuna, partimos a un viaje a Rumania en busca de vampiros. Investigadores
paranormales. Caza vampiros, eso somos y a eso nos dedicamos.
- ¿Son ustedes el grupo de investigadores de
Alemania? – nos pregunto una linda chica cuando entramos al hotel.
- si, somos nosotros – le respondí extendiendo la
mano para saludarla. – soy Gustav –
- me llamo Leah – dijo ella con su dulce voz,
estrechando mi mano. Su piel era gélida y suave. Mire sus labios, rojos y
atrayentes.
- ¿eres nuestra guía? – le pregunto Bill.
- si, lo soy –
- soy Thomas – dijo el gemelo, coqueteándole. Ella
rio. Sus dientes eran blancos y perfectos. – dime Tom -
- mucho gusto Tom, ¿y ustedes quienes son? –
- yo me llamo William, pero prefiero Bill –
- soy Georg –
- un placer conocerlos, sus habitaciones están por
aquí… síganme – la seguimos por un enorme pasillo, al final se encontraban
cuatro puertas. – pueden escoger la que quieran –
Georg, Bill y Tom entraron cada uno a una
habitación diferente, dejándome a mi la ultima.
- ¿te hospedas aquí también? – le pregunte.
- no, yo estoy en el instituto de artes, allí vivo
–
- ¿estudias? –
- si, y también trabajo aquí, medio tiempo –
- claro –
- descansa, y los veré luego. Iremos a una casa de
las afueras, ahí se han manifestado grandes actividades paranormales… bueno,
estoy divagando – rio – hablamos luego –
- claro – dije embobado por su sonrisa. Coloco su
mano dulcemente en mi hombro y me dio un beso en la mejilla.
Dio media vuelta y camino, alejándose de mi. Me
quede mirándola hasta que desapareció, dando vuelta en el pasillo.
Entre a la habitación y coloque las maletas sobre
la cama, abrí una de ellas y ahí tenia todo mi equipo caza vampiros; un espejo
de metal, una lámpara de aceite portátil, una daga, un libro de plegarias en
francés y otro en alemán, una pequeña caja de metal que contiene una ostia
dentro de un relicario, algunas monedas de plata, cajas de fósforos, un
revolver, accesorios para la mantención del arma, una botella de Agheazma (agua
bendita), unas pequeñas botellas que contienen suero rojo, suero azul y Usturoi
(jugo de ajo anti vampiros) para impregnar las balas de plata, pequeñas
botellas que contienen polvo de azufre, Phamat (tierra santa), Mir (ungüento de
aceites) y Tamaie (incienso santo) para ahuyentar vampiros, un crucifijo de
madera y cobre, medallas bendecidas, un martillo de madera con una pequeña cruz
incrustada, 4 estacas en forma de cruz con cruces incrustadas, una Dentol (tenaza de metal para extraer los colmillos
del vampiro), un collar de ajos, y balas de plata.
Coloque todo ordenadamente sobre una mesa, y
guarde algunas cosas en el maletín, dejando fuera la daga, el crucifijo, el
espejo, una estaca y el arma. Puse el maletín en la mesa y me recosté en la
cama, entre en un sueño:
- ustedes van a
morir – decía una aterradora voz. Me encontraba en una habitación oscura, solo
yo, rodeado por cuatro paredes. – Van a morir – escuche de nuevo.
- ¿Quién eres? –
grite.
- han condenado su
alma… van a morir – decía alejándose. Era una mujer, lo sabia.
- ¿Por qué vamos a
morir? –
- la tentación… -
dijo.
Desperté y me encontraba de regreso en la
habitación, ya en penumbra. Llamaron a la puerta.
- hola Gustav – me saludo Leah, con una sonrisa
que me hipnotizo. - ¿puedo pasar? –
Asentí, sin dejar de mirarla, haciéndome a un lado
para que entrara. Ella lo hizo y se sentó en la cama.
- cierra la puerta – me dijo. Así lo hice. No
podía negarme a sus peticiones, era como estar controlado por su sonrisa, su
mirada; esos labios, rojos como la sangre, en contraste con su piel
blanquecina, y esos ojos… azules, como el cielo.
- ¿este es tu equipo caza vampiros? – Me pregunto
tomando la daga en sus manos – eres un aficionado a las batallas ¿eh? –
- así es, no puedo esperar para acabar con esos
vampiros – dije con una gran sonrisa.
- ¿ah si? Pues… esos vampiros están mas cerca de
lo que crees – se acerco a mí y con una fuerza increíble me arrojo a la cama,
colocándose sobre mí antes de que pudiera defenderme o tomar alguna de las
armas que ahora estaban esparcidas por toda la habitación. Sujeto mis hombros
con fuerza.
- eres un vampiro – dije mirándola con odio.
- sorpresa –
- ¿Cómo no lo vi antes? – estaba enojado, ¿Cómo me
engaño? Maldito demonio.
- cariño – rio ella – el don de la seducción es mi
orgullo, estaban tan atrapados por mi belleza que ni siquiera lo notaron –
- ¿Qué vas a hacerme? ¿Me mataras? –
- muerto no me sirves querido – se acerco mas a mi
y mordió mi cuello. Trate de resistirme, pero fue inútil, tenia una fuerza
sobrenatural. Sentí sus colmillos introduciéndose en mi piel y luego
succionando mi sangre. No tenía fuerzas para seguir luchando, cerré mis ojos
dejándome llevar por el dolor que sentía.
Caí en un profundo sueño. Sentí como ella se
separaba de mí, riendo. Me beso, posando sus labios sobre los míos y salió de
la habitación, dejándome en la cama, sin fuerzas para huir. Me quede dormido.
Desperté, abriendo los ojos de golpe al sentir un
ardor que recorría mi garganta.
- despertaste – escuche una fina voz. Mire por
toda la habitación a oscuras, aunque eso no impedía que la viera con claridad.
Podía ver toda la habitación e incluso escuchar lo que decían los chicos en sus
habitaciones.
- debo llamar a
mamá – decía Bill.
- esa chica si que
esta… - hablaba Tom, seguramente de Leah.
- dioses! tengo
que hablar con Clary, me comunicare con ella – murmuraba Georg,
hablando de su novia. Lo note ansioso, caminando de un lado a otro. Seguí
escuchando sus preocupaciones cuando la vi, parada en frente a la cama con las
manos entrelazadas, mirándome fijamente.
Me pare de la cama a toda prisa, mas rápido de lo
que pensé y al sujete por le cuello, pegándola a la pared.
- ¿Qué me hiciste? – le grite.
- te brinde el don de la inmortalidad – dijo
sonriendo, apartando mi mano de su cuello – no debes desobedecer, yo te creé,
ahora tu me perteneces –
- ¿pertenecerte? ¿De que hablas? –
- ve por ti mismo – me señalo el espejo. Voltee y
vi mi imagen reflejada. Mi piel estaba blanquecina, pálida y se veía dura e
impenetrable. Mi cabello rubio, brillante y sedoso. Pero lo que mas me
impresiono fueron mis ojos, ya no eran cafés, ahora eran rojos, rojos y
profundos. Infundían miedo a cualquiera.
- soy un vampiro – dije mirando mi reflejo.
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