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viernes, 6 de diciembre de 2013

- En la oscuridad -





- me lastimas – dije. Lo mire a los ojos para tratar de descifrar que planeaba pero su mirada estaba perdida en lo lejano, su cuerpo se tenso de repente apretando mi muñeca mas fuerte. Me asuste en ese momento.
- ¿Bill? – dije pasando mi mano libre frente a su rostro una y otra vez sin obtener ninguna respuesta de su parte, simplemente no reaccionaba. ¿acaso estaba teniendo un ataque? – Bill – dije de nuevo, esta vez concentrada en la fuerza que estaba ejerciendo sobre mi muñeca, empezaba a doler.

De la nada su rostro volvió a la normalidad y pestañeo varias veces, me solto la muñeca y tomando delicadamente mi otra mano deposito un beso en ella.

- Giselle – dijo mirándome a los ojos. Me estremeci por esa conexión, y por el gélido contacto de su piel. Solto mi mano y me abrazo, un abrazo envolvedor, un abrazo como nunca antes me habían abrazado. Me sentí protegida entre sus brazos.
- ¿estas bien? – pregunte por sus extraños actos de afecto tan repentinos.
- mejor que nunca – respondió con un suspiro acariciando mi rostro.
- pues, me alegra pero… me tengo que ir – dije separándolo de mi.
- quedate – me pidió rodeándome la cintura con los brazos y pegando mi cuerpo a la pared, dejándome atrapada entre el suyo y la misma.
- Bill, ¿Qué haces? – dije algo nerviosa por su atrevimiento, en otra ocasión le hubiese abofeteado ahí mismo, pero algo en su mirada, en su tacto, me impidió hacerlo.
- shhhhh… - dijo colocando sus dedos sobre mis labios y miro hacia la puerta dos segundos antes de que esta se abriera- ¿Qué? – dijo con tono de enfado dirigiéndose a la persona recién llegada al salón.
- no puedes hacerlo – dijo.
- Tom, ya dejame – Bill pronuncio estas palabras con tanto odio que me hizo temblar entre sus brazos, que me rodeaban de manera protectora, de cierta manera, me sentía protegida por el.
- es que… - siguió el de rastas.
- mejor me voy – dije interrumpiéndole, interrumpiendo a Tom, ahora sabia su nombre, me aparte de Bill pero antes de que pudiera dar un solo paso hasta la puerta él me detuvo:
- no, espera – me tomo de la mano y camino junto a mi – yo te acompaño – pasamos junto a Tom para salir del salón y Bill se despidió de él con  algo de rencor: - hasta luego Tom –
- vivo en este mismo edificio – dije mientras subiamos las escaleras – no tienes que acompañarme–
- pero quiero hacerlo – me dijo sonriendo mientras besaba mi mano con tanta delicadeza, como si fuese de cristal y temiera romperme con sus garras.

El enorme castillo que era el instituto tenia seis pisos de inmensos pasillos e innumerables puertas, los dos primeros pisos eran reservados para las aulas, y los otros cuatro eran habitaciones. Mi habitación estaba en el tercer piso, doblando a la izquierda, el segundo pasillo, casi la ultima puerta de todas.

- gracias por traerme hasta aquí – le dije – aunque realmente no tenias que hacerlo –

Escuchamos unas voces provenientes de otro pasillo y antes de que puediera reaccionar él ya me había empujando dentro de la habitación, que ni siquiera yo conocía ya que no había tenido tiempo de verla entre clase y clase, entrando tras de mi. Me pego contra la puerta y tapo mi boca con su mano, en un intento de apartarla note lo fuerte que era. No lo parecía. Intente nuevamente apartarla pero ¡joder! Era fuerte.
Solte un gemido de dolor cuando note la presión de su mano sobre mi rostro. Me dolia, y el lo noto. Se separo de mi rápidamente dejándome respirar.

- Lo siento – dijo dando un paso atrás, alejándose unos centímetros de mi.
- ¿Por qué lo hiciste? – dije con una mano en mi cuello, justo donde su mano había presionado segundos antes.
- alguien venia – dijo frunciendo el ceño – no pueden verme aquí, el ala Este es de los chicos –
- oh… pues, gracias por traerme hasta aquí – repeti – no tenias que hacerlo –
- ya te lo dije, quería hacerlo – me dijo esbozando una sonrisa. Le sonreí de vuelta bajando la mirada. No pude evitar sonrojarme.
- ¿Qué tienes? – susurro acercándose a mi, fue tan bajo que casi no lo escuche. Se acerco a mi aprisionando contra la puerta, con cada brazo a un lado de mi cuerpo.- me encantas – susurro en mi odio de manera seductora. Solte un gemido al sentir su gélido aliento en mi cuello. Iba a decir algo pero sus labios uniéndose a los mios me lo impidieron, me beso, callando asi mis débiles y casi inaudibles gemidos. – shhhhh… no hagas ruido – de pronto me tomo entre sus brazos y me llevo hasta la cama, donde me recostó suavemente colocándose sobre mi besándome de nuevo, esta vez con mas pasión e intensidad. 

Me quise resistir, detenerlo y pedirle que se fuera. No era sensato hacer eso con alguien de quien apenas sabes el nombre. Pero no pude resistirme a sus besos, sus toques, al roce de su piel con la mia.
Me saco la camisa y luego siguió con la suya en un rápido movimiento. Siguió besándome y sentí su mano bajar por mi cuerpo, pasando por mi pecho hasta mi vientre, llegando a mi feminidad. Sus dedos me tocaban, me acariciaban; sentí como introucia sus dedos en mi, lenta y pausadamente mientras yo me deshacía en gemidos que él callaba con sus besos.

- despertaras a todos – me dijo en un susurro, podía ver su sonrisa en la oscuridad, sus blanquecinos dientes, y sus ojos eran lo único que resalaba en la habitación – has silencio – empezó a besar mi cuello bajando hasta mis pechos.

Sin perder tiempo me quito el sujetador y miro mi desnudez ante él. Se relamió los labios admirando mis pechos, se acerco a mi depositando un casto beso en mis labios y luego empezó a besar, lamer y suavemente morder mis pechos ya duros por la excitación. Trate de no gemir pero me resulto imposible de no hacer una vez que sentí sus dientes clavarse lascivamente en mi seno derecho. Luego bajo hasta mi vientre besando todo mi cuerpo en el camino, abrió mis piernas lentamente -¿en que momento me saco el pantalón?, pensé. ¡oh, demonios! ¡es bueno!-
Llego hasta mi feminidad, ya humeda por la excitación y la beso delicadamente. Luego introdujo rápidamente su lengua en mi, practicándome el mejor sexo oral de mi vida – tampoco es que hubiese tenido muchas relaciones antes, en realidad solo dos veces, con mi antiguo y primer novio – me sujete de la cama cerrando mis ojos y arqueando mi espalda mientras gemia fuertemente y clavaba mis uñas en su espalda.


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