- me lastimas – dije. Lo mire a los ojos para tratar de
descifrar que planeaba pero su mirada estaba perdida en lo lejano, su cuerpo se
tenso de repente apretando mi muñeca mas fuerte. Me asuste en ese momento.
- ¿Bill? – dije pasando mi mano libre frente a su rostro
una y otra vez sin obtener ninguna respuesta de su parte, simplemente no
reaccionaba. ¿acaso estaba teniendo un ataque? – Bill – dije de nuevo, esta vez
concentrada en la fuerza que estaba ejerciendo sobre mi muñeca, empezaba a
doler.
De la nada su rostro volvió a la normalidad y pestañeo
varias veces, me solto la muñeca y tomando delicadamente mi otra mano deposito
un beso en ella.
- Giselle – dijo mirándome a los ojos. Me estremeci por
esa conexión, y por el gélido contacto de su piel. Solto mi mano y me abrazo,
un abrazo envolvedor, un abrazo como nunca antes me habían abrazado. Me sentí
protegida entre sus brazos.
- ¿estas bien? – pregunte por sus extraños actos de
afecto tan repentinos.
- mejor que nunca – respondió con un suspiro acariciando
mi rostro.
- pues, me alegra pero… me tengo que ir – dije
separándolo de mi.
- quedate – me pidió rodeándome la cintura con los brazos
y pegando mi cuerpo a la pared, dejándome atrapada entre el suyo y la misma.
- Bill, ¿Qué haces? – dije algo nerviosa por su
atrevimiento, en otra ocasión le hubiese abofeteado ahí mismo, pero algo en su
mirada, en su tacto, me impidió hacerlo.
- shhhhh… - dijo colocando sus dedos sobre mis labios y
miro hacia la puerta dos segundos antes de que esta se abriera- ¿Qué? – dijo
con tono de enfado dirigiéndose a la persona recién llegada al salón.
- no puedes hacerlo – dijo.
- Tom, ya dejame – Bill pronuncio estas palabras con
tanto odio que me hizo temblar entre sus brazos, que me rodeaban de manera
protectora, de cierta manera, me sentía protegida por el.
- es que… - siguió el de rastas.
- mejor me voy – dije interrumpiéndole, interrumpiendo a
Tom, ahora sabia su nombre, me aparte de Bill pero antes de que pudiera dar un
solo paso hasta la puerta él me detuvo:
- no, espera – me tomo de la mano y camino junto a mi –
yo te acompaño – pasamos junto a Tom para salir del salón y Bill se despidió de
él con algo de rencor: - hasta luego Tom
–
- vivo en este mismo edificio – dije mientras subiamos
las escaleras – no tienes que acompañarme–
- pero quiero hacerlo – me dijo sonriendo mientras besaba
mi mano con tanta delicadeza, como si fuese de cristal y temiera romperme con
sus garras.
El enorme castillo que era el instituto tenia seis pisos
de inmensos pasillos e innumerables puertas, los dos primeros pisos eran
reservados para las aulas, y los otros cuatro eran habitaciones. Mi habitación
estaba en el tercer piso, doblando a la izquierda, el segundo pasillo, casi la
ultima puerta de todas.
- gracias por traerme hasta aquí – le dije – aunque
realmente no tenias que hacerlo –
Escuchamos unas voces provenientes de otro pasillo y
antes de que puediera reaccionar él ya me había empujando dentro de la
habitación, que ni siquiera yo conocía ya que no había tenido tiempo de verla
entre clase y clase, entrando tras de mi. Me pego contra la puerta y tapo mi
boca con su mano, en un intento de apartarla note lo fuerte que era. No lo
parecía. Intente nuevamente apartarla pero ¡joder! Era fuerte.
Solte un gemido de dolor cuando note la presión de su
mano sobre mi rostro. Me dolia, y el lo noto. Se separo de mi rápidamente
dejándome respirar.
- Lo siento – dijo dando un paso atrás, alejándose unos
centímetros de mi.
- ¿Por qué lo hiciste? – dije con una mano en mi cuello,
justo donde su mano había presionado segundos antes.
- alguien venia – dijo frunciendo el ceño – no pueden
verme aquí, el ala Este es de los chicos –
- oh… pues, gracias por traerme hasta aquí – repeti – no
tenias que hacerlo –
- ya te lo dije, quería hacerlo – me dijo esbozando una
sonrisa. Le sonreí de vuelta bajando la mirada. No pude evitar sonrojarme.
- ¿Qué tienes? – susurro acercándose a mi, fue tan bajo
que casi no lo escuche. Se acerco a mi aprisionando contra la puerta, con cada
brazo a un lado de mi cuerpo.- me encantas – susurro en mi odio de manera seductora.
Solte un gemido al sentir su gélido aliento en mi cuello. Iba a decir algo pero
sus labios uniéndose a los mios me lo impidieron, me beso, callando asi mis
débiles y casi inaudibles gemidos. – shhhhh… no hagas ruido – de pronto me tomo
entre sus brazos y me llevo hasta la cama, donde me recostó suavemente
colocándose sobre mi besándome de nuevo, esta vez con mas pasión e intensidad.
Me quise resistir, detenerlo y pedirle que se fuera. No
era sensato hacer eso con alguien de quien apenas sabes el nombre. Pero no pude
resistirme a sus besos, sus toques, al roce de su piel con la mia.
Me saco la camisa y luego siguió con la suya en un rápido
movimiento. Siguió besándome y sentí su mano bajar por mi cuerpo, pasando por
mi pecho hasta mi vientre, llegando a mi feminidad. Sus dedos me tocaban, me
acariciaban; sentí como introucia sus dedos en mi, lenta y pausadamente
mientras yo me deshacía en gemidos que él callaba con sus besos.
- despertaras a todos – me dijo en un susurro, podía ver
su sonrisa en la oscuridad, sus blanquecinos dientes, y sus ojos eran lo único
que resalaba en la habitación – has silencio – empezó a besar mi cuello bajando
hasta mis pechos.
Sin perder tiempo me quito el sujetador y miro mi
desnudez ante él. Se relamió los labios admirando mis pechos, se acerco a mi
depositando un casto beso en mis labios y luego empezó a besar, lamer y
suavemente morder mis pechos ya duros por la excitación. Trate de no gemir pero
me resulto imposible de no hacer una vez que sentí sus dientes clavarse lascivamente
en mi seno derecho. Luego bajo hasta mi vientre besando todo mi cuerpo en el
camino, abrió mis piernas lentamente -¿en que momento me saco el pantalón?,
pensé. ¡oh, demonios! ¡es bueno!-
Llego hasta mi feminidad, ya humeda por la excitación y la
beso delicadamente. Luego introdujo rápidamente su lengua en mi, practicándome
el mejor sexo oral de mi vida – tampoco es que hubiese tenido muchas relaciones
antes, en realidad solo dos veces, con mi antiguo y primer novio – me sujete de
la cama cerrando mis ojos y arqueando mi espalda mientras gemia fuertemente y
clavaba mis uñas en su espalda.
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